Cuando entré a trabajar en la Universidad de las Américas Ciudad de México hace casi nueve meses, escribí en un pizarrón mi objetivo a un año para la Licenciatura en Comunicación: hacer que mi programa se convirtiese en el mejor de México.
Nunca había dirigido una facultad, pero imaginé que pensé que aquello era como dirigir cualquier otra cosa: trabajar duro hasta conseguir resultados auditables externamente.
Mi objetivo fue considerado por mis colegas como una locura, algo un tanto descabellado que levantó alguna sonrisa por parte de tirios y troyanos.
Esos nueve meses pasaron y el pasado lunes, (esta semanita ha sido de órdago; no pude sentarme un rato tranquilo hasta ahora) el diario mexicano El Universal publicó su clasificación anual de las mejores universidades del país. Y ahí estábamos, entre las mejores carreras de Periodismo y de Comunicación.
Pero no sólo estábamos en la lista, sino que ocupábamos el tercer puesto, tan sólo por debajo de dos universades públicas (la UNAM y la UAM, que, para los que no conocen México, explicaré que son absolutamente todopoderosas). Nos consideraban, además, la mejor carrera de Comunicación de entre las universidades privadas del país.
De repente habíamos conseguido presentar un programa de formación de Periodistas salvajemente brillante, sobre la base de reclutar a la mejor gente y de diseñar los programas más vanguardistas. Los resultados están disponibles en la propia página de El Universal.
Échenle un ojo, pues la clasificación nos coloca por delante de la Facultad de Comunicación de la Universidad Iberoamericana (cuyo programa es un verdadero referente a nivel latinoamericano), de la Universidad Anáhuac o del Tecnológico de Monterrey.
El objetivo, a partir de ahora, no debe ser otro que seguir trabajando. Ya hemos comenzado a diseñar un programa de Comunicación renovado, inspirado por los modelos norteamericanos que priman los conceptos de redacción multimedia y de periodismo electrónico. Y, de la misma manera, se acaba de aprobar un programa de Máster en Periodismo que está destinado a llenar buena parte del vacío que existe en este país en materia de formación de periodistas, y de todo lo que trato en este blog.
El genial y recientemente desaparecido Norman Mailer dijo una vez aquello de que “If a person is not talented enough to be a novelist, not smart enough to be a lawyer, and his hands are too shaky to perform operations, he becomes a journalist“.
Sin embargo, creo que la propia autocrítica de los periodistas es, muchas veces, mera pose. En lugares como Estados Unidos o el Reino Unido, ser periodista es casi como ser abogado. En México o en España, al periodismo se le conoce como la “canallesca”. La clasificación de esta semana es un paso adelante para cambiar esa percepción.
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